Hoy ha tocado carrerita al gimnasio, luego 20 minutos de Spinning, una hora de clase Bodycombat, otros 15 minutos de bicicleta justo después de la clase porque me sentía totalmente lleno de energía, y otra carrerita de vuelta a casa.
Mientras esperaba a que empezase la clase de Bodycombat tras bajarme de la bici, he sentido el impulso de ponerme a dar saltos alternos frente a la puerta como si estuviese saltando con una comba imaginaria.
Así que me he tirado unos 10 minutos seguidos dando brincos yo solo, hasta que ha llegado una compañera y hemos estado hablando sobre cardio y lo agobiante que le resultaba tener la mascarilla puesta durante la clase de Bodycombat.
Pero yo como siempre, pese a ser mi segunda clase he acabado destacando por mi gran fondo incansable y por mi capacidad de poder hacer ejercicio sin parar y con la máscarilla puesta.
Y en cuanto terminábamos una serie de ejercicios y la monitora nos decía que podíamos aprovechar para beber agua o descansar unos segundos, escuchaba al resto resoplar agotados y quejarse, y yo en cambio me ponía frente al espejo a practicar movimientos de esquives sin bajar la guardia, o a dar brincos y saltos de forma incansable, esperando para empezar los siguientes 20 minutos de ejercicio continuo.
Es una clase bastante intensa, no la recomiendo para gente con poco fondo físico o que no esté acostumbrado a un arte marcial.
Yo, pues termino como nuevo y la hora de dar golpes, saltos, y patadas se me pasó volando.
Lo cual me indica que estoy recuperando la excelente condición respiratoria que tenía postpandemia.
Pero para mi, lo realmente importante es que he llegado chorreando de sudor a casa y que hoy también hice muchiiiiisimo ejercicio.
